Los ejercicios más recomendables para aliviar la dorsalgia combinan movilidad de la
columna torácica y fortalecimiento de los estabilizadores escapulares. Algunos de los más
útiles son el gato-vaca, las rotaciones torácicas, el estiramiento de pectorales, la retracción
escapular y la extensión dorsal sobre un foam roller o respaldo.
Realizados de manera controlada y adaptados a cada persona, y supervisados por un
profesional, estos ejercicios pueden disminuir la sensación de rigidez, mejorar la movilidad y
facilitar las actividades cotidianas. No obstante, el dolor dorsal puede tener diferentes causas,
por lo que los ejercicios deben suspenderse si producen dolor intenso, mareo, dificultad
respiratoria o síntomas neurológicos.
A continuación, encontrarás una rutina sencilla que puedes realizar en casa, siempre que no
existan señales de alarma ni una contraindicación médica.
Tabla de Contenidos
Toggle¿Los ejercicios ayudan a aliviar la dorsalgia?
Sí. En muchos casos de dorsalgia de origen mecánico, mantener un nivel adecuado de
movimiento es una parte importante de la recuperación. El reposo prolongado puede
favorecer la rigidez, reducir la capacidad muscular y aumentar la sensibilidad de la zona.
El ejercicio terapéutico puede ayudar a:
- Mejorar la movilidad de la columna dorsal.
- Reducir la rigidez muscular y articular.
- Fortalecer la musculatura de la espalda y las escápulas.
- Aumentar la tolerancia a las actividades diarias.
- Evitar posiciones mantenidas durante demasiado tiempo.
- Mejorar el control del tronco y de la cintura escapular.
- Recuperar progresivamente la confianza en el movimiento.
La columna dorsal está formada por 12 vertebras, (D1 a D12) Se encuentra unida a las
costillas y participa tanto en la estabilidad del tronco como en los movimientos de rotación y
en la mecánica respiratoria. Por eso, la dorsalgia no siempre se resuelve estirando únicamente
el punto en el que se percibe el dolor.
El programa debe combinar movilidad, fuerza y exposición progresiva a las actividades que
generan molestias. Además, no existe un ejercicio universal: la selección y la intensidad
deben adaptarse a la causa del dolor, la edad, el estado físico y la respuesta de cada persona
Antes de empezar: cuándo puedes hacer ejercicios y cuándo debes consultar
Esta rutina puede ser adecuada cuando el dolor dorsal es leve o moderado, aparece después de
permanecer mucho tiempo sentado, se relaciona con determinados movimientos o se
acompaña principalmente de rigidez muscular.
Los ejercicios deben realizarse lentamente y dentro de un rango cómodo. Es aceptable notar
una tensión suave o una molestia ligera que desaparezca al terminar. En cambio, no es
recomendable continuar si el dolor aumenta claramente, se vuelve punzante o permanece más
intenso durante varias horas.
Consulta con un fisioterapeuta antes de comenzar si:
El dolor empezó después de una caída, golpe o accidente.
- Tienes osteoporosis o antecedentes de fracturas vertebrales.
- Has sido operado recientemente de la columna, el tórax o el hombro.
- El dolor es intenso, constante o empeora progresivamente.
- Presentas fiebre, malestar general o pérdida de peso no explicada.
- El dolor te despierta de forma persistente durante la noche.
- Tienes antecedentes de cáncer, infección o tratamiento prolongado con
corticoides. - Aparecen hormigueo, pérdida de sensibilidad o debilidad en brazos o piernas.
- Experimentas alteraciones de la marcha, el equilibrio o el control de esfínteres.
- El dolor se acompaña de presión en el pecho, sudoración, dificultad respiratoria,
mareo o dolor que se extiende al brazo o a la mandíbula.
La combinación de dolor dorsal y síntomas torácicos o respiratorios requiere una valoración
urgente, ya que el dolor no siempre procede de la musculatura o de la columna.
Rutina de ejercicios para la dorsalgia paso a paso
Puedes realizar esta rutina una vez al día, entre tres y cinco días por semana. Empieza con
pocas repeticiones y aumenta gradualmente según tu respuesta.
El objetivo no es forzar la espalda ni conseguir el máximo recorrido, sino recuperar un
movimiento cómodo y progresivo. La rutina completa puede durar entre 10 y 15 minutos.
Movilidad gato-vaca
El gato-vaca moviliza de forma suave la columna y ayuda a reconocer los movimientos de
flexión y extensión de la región dorsal.
Cómo hacerlo:
- Colócate a cuatro apoyos, con las manos debajo de los hombros y las rodillas
debajo de las caderas. - Al expulsar el aire, redondea lentamente la espalda y dirige la mirada hacia el
abdomen. - Al inspirar, lleva suavemente el pecho hacia delante y permite una ligera extensión
de la columna. - Evita dejar caer excesivamente la zona lumbar o elevar los hombros.
- Alterna ambos movimientos de forma lenta y coordinada con la respiración.
Dosificación: realiza entre 8 y 12 repeticiones.
El movimiento debe repartirse por toda la columna. Si notas molestias en las muñecas, puedes
apoyar los antebrazos o realizar el ejercicio sentado, colocando las manos sobre los muslos.

Rotaciones torácicas
Las rotaciones torácicas pueden mejorar la movilidad de la espalda media y reducir la
sensación de rigidez al girar el tronco.
Cómo hacerlo:
- Mantén la posición de cuatro apoyos.
- Coloca una mano detrás de la cabeza sin tirar del cuello.
- Lleva el codo hacia la mano que permanece apoyada.
- Después, gira el tronco y dirige el codo hacia el techo.
- Mantén la pelvis estable y sigue el movimiento con la mirada.
- Regresa lentamente a la posición inicial.
Dosificación: realiza entre 6 y 10 repeticiones por cada lado.
También puedes hacerlo tumbado de lado, con las caderas y rodillas flexionadas. Desde esa
posición, abre el brazo superior hacia el lado contrario sin separar las rodillas.

Estiramiento de pectorales
La rigidez de los músculos pectorales puede limitar el movimiento de los hombros y aumentar
el esfuerzo de la musculatura dorsal. Su estiramiento puede resultar útil, especialmente
después de trabajar durante mucho tiempo delante de una pantalla.
Cómo hacerlo:
- Colócate junto al marco de una puerta.
- Apoya el antebrazo con el codo aproximadamente a la altura del hombro.
- Da un pequeño paso hacia delante hasta notar tensión en la parte anterior del
pecho. - Mantén el tronco erguido y evita arquear la zona lumbar.
- El estiramiento debe sentirse en el pectoral, no en la articulación del hombro.
Dosificación: mantén entre 20 y 30 segundos y repite dos o tres veces por cada lado.
Si existe dolor en el hombro, baja ligeramente la posición del brazo o consulta a un
profesional para modificar el ejercicio.
Aunque las posiciones mantenidas pueden influir en las molestias, no existe una única postura
perfecta. El objetivo es disponer de movilidad suficiente y cambiar de posición con
frecuencia, no permanecer rígido intentando mantener una postura concreta.

Retracción escapular
La retracción escapular activa los músculos situados entre los omóplatos y mejora el control
de la cintura escapular.
Cómo hacerlo:
- Permanece de pie con los brazos relajados.
- Lleva suavemente los omóplatos hacia atrás y ligeramente hacia abajo.
- Evita elevar los hombros o arquear la zona lumbar.
- Mantén la contracción durante tres o cinco segundos.
- Relaja completamente antes de repetir.
Dosificación: realiza entre 10 y 15 repeticiones.
Cuando controles el movimiento sin dolor, puedes progresar utilizando una banda elástica.
Sujeta la banda con ambas manos y realiza un remo, llevando los codos hacia atrás mientras
aproximas suavemente las escápulas.

Extensión dorsal sobre foam roller o respaldo
Este ejercicio favorece la extensión de la columna torácica, un movimiento que puede verse
limitado al permanecer muchas horas sentado.
Cómo hacerlo con foam roller:
- Túmbate boca arriba y coloca el foam roller transversalmente bajo la zona dorsal.
- Flexiona las rodillas y apoya los pies en el suelo.
- Sujeta la cabeza con las manos sin empujar el cuello.
- Extiende suavemente la espalda sobre el rodillo.
- Vuelve a la posición inicial de forma controlada.
- Cambia ligeramente la posición del rodillo para movilizar diferentes segmentos.

Cómo hacerlo en una silla:
- Siéntate en una silla cuyo respaldo termine aproximadamente a la altura de la
espalda media. - Apoya las manos detrás de la cabeza.
- Inclina suavemente la región dorsal sobre el respaldo.
- Evita compensar arqueando en exceso la zona lumbar.

Errores que debes evitar al hacer ejercicios para la dorsalgia
Para que la rutina sea segura y eficaz, evita los siguientes errores:
Forzar el movimiento: intentar alcanzar el máximo recorrido puede irritar una
zona sensible.
- Contener la respiración: respirar con normalidad reduce la tensión y facilita el
movimiento de la caja torácica. - Mover solo la zona lumbar: en los ejercicios de extensión y rotación, intenta
concentrar el movimiento en la espalda media. - Realizar movimientos rápidos: una ejecución lenta permite controlar mejor el
recorrido y reconocer la respuesta del cuerpo. - Entrenar con dolor intenso: una ligera tensión puede ser tolerable, pero el dolor
punzante o creciente indica que debes detenerte. - Hacer únicamente estiramientos: para conseguir cambios duraderos suele ser
necesario incorporar fortalecimiento progresivo. - Mantener una postura rígida todo el día: es preferible alternar posiciones y
realizar pausas activas. - Aumentar demasiado pronto las repeticiones: la carga debe progresar según la
evolución de los síntomas. - Copiar una rutina sin adaptarla: el mismo ejercicio puede resultar beneficioso
para una persona y no ser adecuado para otra.
Una referencia sencilla consiste en observar la respuesta durante las 24 horas siguientes. Si el
dolor aumenta significativamente o aparecen síntomas nuevos, reduce las repeticiones, el
recorrido o la frecuencia.
¿Cuánto tiempo tardan en hacer efecto los ejercicios?
Algunas personas notan menos rigidez inmediatamente después de realizar ejercicios de
movilidad. Sin embargo, las mejoras relacionadas con la fuerza, el control muscular y la
tolerancia a las actividades necesitan más tiempo.
En una dorsalgia mecánica leve puede observarse una evolución favorable durante las
primeras semanas. La recuperación puede ser más lenta cuando el dolor lleva meses, existen
episodios recurrentes o se asocia a una baja tolerancia al esfuerzo.
La constancia es más importante que realizar una sesión muy intensa. Suele ser preferible
practicar entre 10 y 15 minutos con regularidad que hacer una sesión larga de manera aislada.
Además de la rutina, puede ser útil:
Interrumpir los periodos prolongados en la misma posición.
- Levantarse y moverse brevemente cada 30-60 minutos.
- Mantener actividad física general adaptada.
- Dormir y descansar adecuadamente.
- Introducir progresivamente ejercicios de fuerza.
- Ajustar temporalmente las actividades que agravan claramente los síntomas.
Si no notas mejoría después de dos o tres semanas, o el dolor continúa limitando tus
actividades, conviene solicitar una valoración profesional.
¿Cuándo acudir a un fisioterapeuta?
Debes acudir a un fisioterapeuta cuando el dolor dorsal se repite, limita el trabajo o el
descanso, persiste pese a mantenerte activo o te impide realizar los ejercicios con normalidad.
Durante la valoración, el fisioterapeuta puede analizar:
La movilidad de la columna dorsal, cervical y lumbar.
- El movimiento de las costillas y los hombros.
- La fuerza y resistencia de la musculatura.
- La respuesta del dolor a diferentes movimientos.
- Los hábitos laborales, deportivos y cotidianos.
- La posible existencia de signos que requieran derivación médica.
A partir de esta información se diseña un programa individualizado. El tratamiento puede
combinar educación, ejercicio terapéutico, técnicas manuales y una progresión de cargas
adaptada a las necesidades de cada paciente.
En Chronic Especialidades Clínicas, en Valencia, podemos valorar el origen de tu dolor
dorsal y preparar un programa específico para recuperar movilidad, fuerza y confianza en el
movimiento.
Los ejercicios para la dorsalgia pueden ayudar a aliviar la rigidez, mejorar la movilidad
torácica y fortalecer la musculatura que estabiliza la espalda y las escápulas. El gato-vaca, las
rotaciones torácicas, el estiramiento de pectorales, la retracción escapular y la extensión
dorsal forman una rutina sencilla y progresiva.
La clave es realizar los movimientos sin forzar, ajustar la intensidad y mantener la constancia.
Si el dolor es intenso, no mejora, aparece después de un traumatismo o se acompaña de otros
síntomas, es necesario obtener una valoración profesional antes de continuar.
Este contenido tiene una finalidad informativa y no sustituye una valoración médica o
fisioterapéutica individual.
¿Qué ejercicios son mejores para la dorsalgia?
Los ejercicios de movilidad torácica, estiramientos de la musculatura pectoral y fortalecimiento de la musculatura escapular suelen formar parte de los programas de fisioterapia para aliviar el dolor dorsal.
¿Es bueno caminar si tengo dorsalgia?
En muchos casos sí. Caminar ayuda a mantener la movilidad y reducir la rigidez, siempre que el dolor no aumente durante la actividad.
¿Qué ejercicios debo evitar si tengo dolor dorsal?
Conviene evitar movimientos bruscos, ejercicios de alta carga o actividades que aumenten claramente el dolor hasta haber recibido una valoración profesional.
¿Cuánto tarda en mejorar una dorsalgia con ejercicios?
Depende de la causa del dolor y de la constancia con el tratamiento. Muchas personas experimentan mejoría progresiva tras varias semanas de ejercicio adaptado.
¿La fisioterapia acelera la recuperación de la dorsalgia?
Sí. Un fisioterapeuta puede identificar la causa del problema, adaptar los ejercicios a cada paciente y combinar el ejercicio terapéutico con otras técnicas cuando sea necesario.


